martes, 4 de octubre de 2022

Ansiedad I

 Estoy agotada y la última gota pende de mi vaso. Desbordada pero chapoteo en su saliente, sin mirar abajo, viéndome en el suelo pero demasiado alto. Ya nada me frena. Ya nada me espera. Apuro hasta el último verso que escapa de tus labios como si fuera un acertijo más, pero es menos. Siempre es menos. Menos atento, menos comprensivo, menos entusiasta, menos abierto. Y me cierras. Haciendo pequeño el rincón donde la ansiedad no coge aire; rodeándome hasta tenerla en mis brazos, en mi mente, en mi pecho, en mi pared, entre mis piernas. Bostezo por si el aire entra más fuerte, por si consigue reoxigenar lo poco que aún se salva de este Titanic. Pero un puntito crece en mis pulmones, me dobla, me arquea, me deja quieta. Un tic en la ceja. Una brisa que llega pero no pasa porque la puerta no está abierta...


Estoy agotada y me desgotan las ideas. Ideas de cómo poder hablar las cosas de forma pausada, con tiento, sin pena. Hablarlo con la boca llena pero a traguitos pequeños, que sino bloquea. Sentarnos y sentir la verdad. Calmar las mareas. Yo hablo, escucho; tú hablas, escuchas. Y nos quedamos a ciegas, entendiendo, creyendo que el rumor que vuela dentro puede apagarse. Y lo hará. Durante un tiempo. Hasta que goteen las penas y vuelta a empezar en esa espiral que poco aguanta el que no puede inhalar, 


aunque quiera. 




martes, 14 de junio de 2022

El gusano que se muerde su cola

 A veces no se necesita mucho para escribir. Solo un sentimiento, una revolución, un nudo, o unas ganas de ser escuchada. Otras veces, ni todo esto, te permite sacar lo de dentro. Y te quema. Y te enfría. Pero no aprendes a llevarlo por dentro aunque creamos lo contrario. Se anida mordiéndose su propia cola y te encierra en tu propia necesidad sabiendo que nada de lo que hagas permitirá que salgas de ella.

Qué bendición el poder escribir la pena. Qué tortura el sentirse atada a un lápiz que no escribe.

jueves, 4 de junio de 2020

Reconciliarse con el tiempo

Perdóname tiempo. Comprende que de nada precede esta sensación de derroche continuo que se grapa a las agujas del reloj, que cose los días, que ciega los años, que me hunde en mis escritos. Comprende que de nada sirve tenerte y conocerte si no se puede manejarte a su gusto, si no se conoce de tu cuerpo más que su palabra, si tu esencia se desdibuja cuanto más conocido eres, cuanto más desconocido me siento. Entiéndeme cuando ni yo mismo lo hago y te uso desesperadamente

como excusa.

como razón.

como premio.

Perdóname tiempo si te pierdo o lo hago yo mismo, si no entiendo el sentir de sentirte o de no hacerlo, si me enfado por no verte o descubrirte a mi lado cuando me miro y me veo con tus ojos. Debes entender que me falta tiempo para entenderte y entenderlo, para describirme como cambiante, como ser manejable a tus manos, a tu ojos, a mi forma. Sabrás que de nada importa conocerte porque nunca se termina de hacer ya que cambias, como lo hacemos nosotros, como yo mismo lo veo cuando el viento se mueve y yo me quedo quieto. Entenderás que debo buscarte aunque estés a mi lado, aunque nunca te hayas ido... Quizás sea la única forma de entender que siempre te escaparás de mí cuanto más cerca te tenga, porque igual que yo me escurro entre tus dedos, tú lo haces entre los míos. 

Perdóname tiempo, por no perdonarme a mí primero, por esperar que aparezcas y no me desaparezcas de tu duelo, por crearme una imagen que de nada se parece a la que luce el espejo. Que ya no tengo todos mis dientes, que tengo menos largo el pelo, que me sobran arrugas y ahora me pinto los labios. Pero...

¿Qué soy? ¿Qué tengo? ¿Qué parte de mí creo?

No me despedí de ti, al menos no en otra de tus formas. Te descubrí entre cremas demasiado altas, entre noticias de sobremesa, en velas que se apagan. Te descubrí pero no a mí mismo, ni a la simbiosis que formaríamos desde aquel momento. Te descubrí sin describirte y no me despedí porque antes lo harías tú, de mi otro cuerpo, al menos. 

Quizás hasta se me olvide esperarte. Quizás no te busque en mi reflejo. Quizás solo seas otro tiempo que en nada se parece al que ahora celebro. Quizás ahora te entienda porque ni yo mismo me entiendo...

A destiempos y con prisas.


sábado, 9 de mayo de 2020

Última vez

Lo dijiste todo sin siquiera prestarme atención, verbalizando una granada que arrasase con todo. Y lo arrasó. Quemó palabras, viajes, lugares y sueños. Dejándome a mí sola, en el suelo, acurrucada en la autosuficiencia de quererme a mí misma más que al resto. ¿Pero de qué me sirve? ¿De qué servimos? Solo una etapa rápida y fugaz, solo demasiados reproches que se salen sin mirar atrás, hacia los ojos. "Yo quiero una mujer que..." y suena la explosión. No era, ni fui, ni soy. No seré, no podremos, no habrá. Pero sí otras. Más recortadas a tu cuerpo, a tus palabras. Que no le importe que eches la casa abajo si luego la reconstruyes paso a paso. Que no le importe que quemes por la lengua ni que con un trapo apagues el fuego. Que no opine, que no grite, que no diga, que no sienta. 

El cansancio se hace rutina, la esperanza una necedad. No era, ni fui, ni soy. No seré, no podremos, no habrá. Pero pasará, pasaremos y quedará lo bueno, lo que sí éramos, fuimos o somos. Lo que no seremos, no podremos, no habrá. Recortaré tus fotos y me vestiré con ellas cuando no me acuerde cómo era. Cómo era acariciarte el alma cuando tu risa está descontrolada, tus broncas sobre dónde dejar las zapatillas o llorar pensando en que todo se ha acabado. Porque aunque lo sentía así me agarraba al clavo de que no fuese, de que aguantara. Mientras tú dormías en la cama, consultabas tu teléfono o hacías ver que nada pasaba. El dolor solo te afecta cuando te grita, no cuando calla.

No era, ni fui, ni soy. No seré, no podremos, no habrá. Pero qué bonito fue creer que sí lo era. 


miércoles, 29 de mayo de 2019

Ayer no existiré

Buenas tardes, renacidos. Y lo digo más feliz que nunca porque lo he conseguido. Sí, sí, he logrado lo que tantas veces idealicé en este blog:SOY ESCRITORA, HE PUBLICADO MI PRIMER LIBRO.

Hace unas semanas la editorial Atlantis contactó conmigo porque estaba INTERESADA EN MI LIBRO y después de varios días de corrección, de diseñar la cubierta y de dejarlo todo a punto, presenté mi libro "El dibujo de Anna" por primera vez. Fue mágico. Ver a Anna existir, ver a personas preguntándome por ella, interesados en saber más...Increíble. Y a día de hoy está a la venta. De momento se puede adquirir por la página de la editorial o preguntando en alguna librería (encargando el libro). Y es tan fantástico... Entenderéis pues, porque estaba tan pero tan ausente. He prometido muchas veces coger las riendas de este blog y he ido aparcándolo por X motivos. Espero que esta vez sea la definitiva.

Si alguien está interesado en saber más os animo a seguirme en instagram o preguntarme por comentarios aquí en el blog. Espero que estos meses hayan sido tan buenos para vosotros como lo han sido para mí.  Un beso enorme y prometo traeros cosas nuevas pronto.

¡Feliz miércoles renacidos!
Pd: instagram: giselalopez96
Pd2: la imagen es mía, hecha en Barcelona.


Ayer ya no estarás en tu lado de la cama. No te desnudarás despacio para que te mire y me encuentre perdiéndome en tus ojos desde las sábanas con una expresión de felicidad inmensa. Porque contigo nada era pequeño. No llamarás a la puerta con ganas de echarla abajo, como nuestras barreras, después de una pelea. Porque aunque estuvimos sin hablarnos y tú con llaves en la cartera, necesitabas que te contestara desde el otro lado: "pasa, la puerta está abierta." Porque siempre lo estuvo si eras tú. Porque nunca apagamos la luz sin dejar claro que nos queríamos. Que todo valía si valía la pena.

Pero, y sin embargo, ayer ya no estarás para decírmelo una vez más siquiera. No te pediré a gritos que me acerques un vaso cuando la vida me pesa, que me leas lo que nos queda o que quererte me quema y que aun así  siempre moriría  en el incendio que provoca nuestra chispa. Esa maldita chispa...
 Y no ocurrirá porque nunca existió.

Como tampoco lo hará esa canción que me cantaste en la oreja y que pese a ser un reggeaton que habla de malas maneras, me hizo enamorarme de ti.

No existirán antes siquiera de que salgan todas y cada una de las películas que compartí contigo, aunque me quedara dormida en muchas.

No lo hará tampoco el pronombre personal "nosotros" que tanto nos gustó utilizar aun y cuando solo hablaba de alguno de los dos.

Ayer ya no te veré reírte de mis tonterías ni te pediré descaradamente que te quites la camisa. No te regalaré notitas que pierdas y encuentres después de mucho tiempo.

Ayer no te echaré de menos cuando estés lejos pero tan cerca que lo eche a la vez de menos cuando estés muy cerca pero tan lejos.

Ayer te dejarás el pelo largo, tu barba no me pinchará, no habrá platos que compartir, historias que recordar, palabras que es mejor olvidar.

Porque no existirás.

No me malinterpretes. Claro que lo harás. Pero con otra yo, muy diferente. Tanto que no tendrá mi risa, mi ilusión, mis sueños  mi pelo, ni mis manías. Y sin embargo, la querrás porque quizás nunca me hayas conocido, me hayas preferido olvidar o ni siquiera yo haya terminado de existir. Porque antes de ti era alguien genial, pero contigo me volví más yo que nunca.

Si te cruzas conmigo y no te sale reír, date la vuelta porque no seré yo y todo esto de ayer jamás existió ni estará por existir.


miércoles, 27 de marzo de 2019

Buenas tardes, renacidos. Os echaba de menos, mucho, demasiado. Tengo el día algo completito estos meses. No soy capaz de sacar tiempo o de guardarlo cuando debo. Sin embargo, aquí estoy. Toda para vosotros,  como siempre.

Hoy os traigo una entrada que habla sobre la infidelidad y la mezclo en parte y enteramente con una metáfora sobre trenes, estaciones, etc. Espero que os encante y prometo pasarme pronto por aquí. 

¡feliz día, renacidos!

Echaste la culpa a la primavera como si aquellos días solo formaran parte de una estación
Sin trenes.
Sin raíles que conduzcan a un destino y que no se salgan
Del folio.
Como si una copa de vino se vaciase sin la ayuda de unas manos, que arañan y marcan; de unos labios que no gritaban mi nombre, sino el de ella.
Y ni tú sabes cuántas veces lo hiciste... en la primavera.

En la primavera, me repites. Y como si no hubiesen otras estaciones,  te grito, te insulto, te echo de mi vida. Pierdo las hojas que crujían bajo nuestros pies en otoño, pierdo helados bajo una manta entrellada en verano, pierdo la cuenta de todas las veces que pegué mis pies a los tuyos bajo las sábanas mientras tú te quejabas del frío en el invierno más cálido de mi vida.
Y te pierdo a ti, de paso.

A mí no. A mí nunca.

Porque tú nunca me tuviste. Tuviste lo que era un nosotros,  lo que hicimos juntos y que seguirán recordando las farolas. 

A mí no. A mí nunca.

Porque el amor no se pierde en andenes  o vaivenes, el amor se busca hasta en la última parada.

jueves, 14 de febrero de 2019

Déjate de 14 de Febrero

Buenos días, renacidos. Llevo mucho tiempo sin pisar o postear en mi blog (como queráis verlo). Lo cierto es que estoy inmersa en un proyecto que absorbe bastante mi tiempo. Sin olvidar que sigo enfrascada en mi nuevo libro, que ahora tengo trabajo y que siempre que puedo estoy ocupada. Por eso, entre una cosa y otra, no he tenido mucho tiempo para pasarme por aquí. Pero pienso remediarlo. 

Hoy es San Valentín y por ello os recomiendo buscar un poco más sobre esta celebración y así conocer la historia que trae consigo. A mí personalmente me gusta más la historia que el día en sí. No es que odie San Valentín, al contrario. Me parece un día precioso porque puedes ver el amor y el cariño en todas partes. Pero, sin embargo, también es un día de bastante postureo en las redes, de demasiado consumismo en el que destapamos la idea de que el amor es cuánto te gastas en la otra persona. Yo, personalmente, gasto muchísimo... Cientos de besos cada día y es agotadoramente reconfortante [vale, va, cursiladas a un lado].

Por ello, os traigo una entrada nueva en la que hablo sobre 14 de Febrero. 

Espero que os guste tanto como a mí escribirla. Y deseo que al amor os colme, no solo hoy, todos los días de vuestra vida [entendiendo el amor como cualquier tipo de afecto de un ser a otro].

¡Feliz jueves, renacidos!

PD: la fotografía corresponde a la película El Diario de Noah.



Lo que siempre buscamos no se encuentra en catorces de Febrero. No viste de color rosa ni rojo. Pero sí enrojece. Se funde con el pasar del tiempo pero no desaparece, sino que se hace más fuerte, impecable, imperdible. Se cose en los ritmos de la vida, en las carreras por el metro o en los atardeceres que nunca contemplamos porque no nos dejamos verlos. 

Lo que siempre buscamos no se encuentra en catorces de Febrero, sino en treces de septiembre, por decir un número. Se encuentra sin buscarlo: en un beso corto y fugaz antes de decir hasta luego, en un abrazo que sana el cansancio cuando llegas del trabajo, en una pequeña charla antes de dormir [no abrazados, aunque lo intentemos]. Se halla en el enfado repentino de la rutina. En los resfriados del día a día que se curan con poca medicina y mucho quehacer. Se pierde de tanto en tanto pero siempre encuentra el camino a casa, entre sus manos.

Lo que siempre buscamos no podemos encontrarlo en catorces de Febrero. Nos empeñamos en sentirnos incompletos cuando nos vamos a dormir y nadie nos despide. Y no imaginamos que nos incompletamos cuando esperamos que otro lo haga por nosotros. No nacimos para estar con otro u otra. No nacimos para vivir acompañados, pero podemos hacerlo. Podemos permitir a alguien escribir el pasar de los días hasta que seamos nosotros los que nos pasamos. O no. No se vive peor ni mejor. No te sentirás más solo. Seguirás siendo tú, tan tuyo que pica.

Pero buscar en catorces de Febrero algo que se pierde en Enero es de locos. Pierde su sentido vender el amor durante un día y no regalarlo con los que quedan. Pierdo mi sentido si pretendo demostrarte con una moneda que te quiero, y que siempre va a quedar este día para encender lo que se apaga. 

Y sin embargo, me gusta ver amor en todos lados. Cruzarme con un ramo de rosas junto con una sonrisa nerviosa. Escuchar el susurro de alguien que va a declararse. Ver frases, besos, bombones cubriendo lugares suyos [solo de ellos]. 

Por eso, lo que siempre buscamos no podemos encontrarlo en catorces de Febrero, pero qué bonito es ver que todavía se celebra el amor como si fuera algo efímero.

Nos queremos...

lunes, 31 de diciembre de 2018

Perder pero solo el miedo

Buenas tardes, renacidos. Hace unos días, hice mi última entrada teniendo como propósito de año nuevo escribir mucho más que este 2018. Pues bien, uno de los pocos refranes que me gustan me recordaron que no hay que dejar para mañana lo que puedes hacer hoy, (y más todavía, si pasado mañana será otro año y ayer será el año pasado). Así que, aquí os traigo, ahora sí, mi última entrada del año. 

Estoy muy orgullosa del año que he vivido. Sí, orgullosa, porque ha sido increíblemente especial. No más que los anteriores, pero también tiene un lugar especial en los 22 años que llevo aquí. He conseguido varios de mis objetivos, he alcanzado sueños que creía de más pequeña, he abierto los ojos ante muchas de las acciones que llevaba a cabo cada día y que resultaban poco éticas a mi forma de ver... En definitiva he cambiado, y espero que para bien. Dejo este año con toda la energía del mundo. Sonriendo para que el año que viene se mantenga equilibrado en cosas buenas y malas, esperando que siga viendo las mismas caras que hoy vienen a mi mente durante este y todos los años que vienen.

Feliz año nuevo a todos, renacidos. Espero que 2019 solo os traiga ganas de seguir. Un beso enorme y nos vemos el año que viene.

¡Feliz último día del año!


Perdí las intenciones de encontrarme en otro cuerpo, cuando mirándote en el espejo vi que eras más tú que nadie, y nunca querría cambiar ese reflejo. No es que no me gustase agarrarte la mano y perder la mía, es que valoré que separadas también se querían y eran bonitas. 

Somos dos almas que se entienden, se emborronan y se mezclan. Pero no se olvidan. No se olvidan de que pueden separarse si quisieran, aunque no quieren. No se olvidan de que se eligieron pero no para siempre, sino siempre que quieran.  No se olvidan que querer es otra forma de conjugarse a sí mismo pero de la mano de otra persona. Y de que si algún día, todo esto no funciona, habrá valido la pena y no se habrán perdido.

Perdí lo aprendido en el colegio. Eso de que cada calcetín tiene su pareja y de que hay que evitar resfriarse en lavadoras porque sino seríamos medias naranjas. Y la vida no es así como funciona. Nada de exprimirse en brazos de otro, nada de aceptar medias cintas, ni de que todos somos infieles por naturaleza. Ni tú me debes nada, ni yo mucho menos. Nos debemos a nosotros, a lo que sintamos en ese momento. Y por eso nos queremos tanto, porque nos entendemos.

Y entendimos pronto de que va este juego. Uno en el que hay diferentes fichas que van apareciendo en el tablero, y no se comen entre ellas por avanzar 20 casillas. Sino que avanzan en paralelo aunque a veces se tuerzan, porque entienden que las líneas rectas existen para curvarse. Y la más bonita es la que se pierde en el arcén de tu sonrisa.

Me perdí para encontrarme a mi primera. Porque nunca debí olvidarme en la carretera, abandonada esperando a alguien que me recogiera o aceptase pareja como animal de compañía. Me perdí pensando que me encontraba en cualquiera. En cualquiera que me besase y me dijera que era suya. En cualquiera que me dijera "te querré toda la vida. Tú eres la primera." Y ahora sí lo soy.

Perdí la valentía de arriesgar todo lo que sueño por lo que quiero a una persona. Y él me hizo perder todos los temores a elegir, a perder, a equivocarme. Porque lo hacemos juntos, pero no como uno, sino como dos. 

Gracias a ti, sé que pase lo que pase me tendré a mí, y eso no lo pierdo por nada en este mundo.

Así que, si tenemos que perder algo que sea el miedo a perdernos. 


¡Y a vivir lo que nos depara otro año!

sábado, 29 de diciembre de 2018

Imaginándonos enamorados

Buenas tardes, renacidos. Prácticamente dejamos atrás un año y nos acercamos lentamente al siguiente. Qué nos espera en este es un misterio, pero espero que siempre nos queden ganas para averiguarlo. Deseo de todo corazón que tengáis una entrada de año afortunada, en salud y amor más que en dinero, y que salgáis del próximo igual de felices. 2019 solo puede traernos buenas noticias. 

Mi propósito de nuevo año es ponerme más a fondo con mi querido renacer y seguir aportando un pedacito de mí y de vosotros en cada texto. Espero que os hayan gustado todas y cada una de las nuevas entradas que ha traído este 2018. Prometo superarme en el siguiente año y seguir aprendiendo con las palabras, las únicas capaces de renacer sentimientos y recuerdos. Un beso enorme para todos vosotros, mis renacidos. 

¡Feliz sábado! ¡Feliz año!

PD: Sí, vale, sí. La de la foto soy yo. Y me encuentro en Gaztelugatxe, un lugar increíblemente fascinante. 



A veces te imagino. Te imagino desnudo de dudas, sentado en el borde de la cama haciendo ver que pasas páginas mientras las deshaces a cada paso, a cada girar de libro. Haces ver que nada te importa, y sonríes por fuera llevando un chubasquero por dentro. Y me encanta verte tan entero. Nada que ver como te recuerdo, hace apenas unas semanas cuando otro semblante decoraba tu cara, desmaquillándote por completo. 

En ese último tú, más verdadero y sin embargo hiriente, más herido y de tanto en tanto mentiroso, me perdía continuamente. Ya no sabía quién era yo, qué era un nosotros, ni en qué posición nuestros contornos se diluían para formar un solo cuerpo. No sabía cuál era mi lado de la cama cuando tú dormías en ella, cómo me gustaba el café por las mañanas cuando tus despeinados buenos días me saludaban, ni cómo caminar equilibradamente agarrada de tu mano un martes cualquiera. Había desaprendido a quererte, porque ya no eras aquel que me quería. Ni siquiera yo lo era. 

Y, sin embargo, a veces te imagino. Y en mi imaginación me invitas a palomitas jurándome que no has leído el libro, aunque después te pases toda la película riéndote; paseamos aprendiéndonos los dedos del otro; y conversamos alegremente diciendo qué nos depararía el futuro. Eras un lienzo lleno de bocetos azules y verdes y amarillos. Y yo todavía no dibujaba con lápiz. 

Pero cuando te imagino y lo hago continuamente, aún te quiero como aquel día, aunque en realidad no sea así. Quizás, incluso, nunca te quise. Amaba lo que yo era cuando estaba contigo, como ese cepillo de dientes que no conoce pero ama a su compañero de bote. Te quería cómo en mi imaginación, antes de los grises, las gomas de borrar y los resbalones en las calles. Antes de la lluvia que empapa y borra las postales. Antes de volver de París. Antes siquiera de quererte. 

Y por eso, quizás, te imagino. Me hace bien creer o pensar que hubo un tiempo en que te quería. Un tiempo en el que quizás, esas sonrisas desdibujadas me hacían pellizcos en el corazón. Un tiempo en el que tus besos no me dejaban abrir los ojos porque sino el amor se escapaba. Un tiempo de los dos. 

Y ahora, solo me queda querer cómo te quería y lo que quería hace un tiempo. Pero con letra pequeña.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Detrás de la ventana

Buenas tardes, renacidos. ¡Os echaba mucho de menos! Llevo bastantes días preparando una nueva sorpresa, aunque voy bastante lenta... Por ello, he decidido presentaros una nueva entrada. Para ir haciendo boca...

Espero que estos meses os estén sirviendo para conseguir todos los propósitos que tengáis. Yo por el momento he empezado a formar parte de los currantes, que no es algo para tomárselo a broma.

¿Y qué deciros, renacidos? Que soy feliz, como prácticamente siempre. Que tengo un nuevo miembro en la familia que es negro y con mucho pelo, y que se llama Sam. Una cachorrita increíble. 

Y bueno, no me voy a enrollar más. Os presento mi nueva entrada. Espero que la disfrutéis y que reciba noticias de vosotros pronto. 

¡Feliz viernes!

Pd: os adjunto una canción increíble de mi cantante favorito. Se llama Beseiscientosdoce y es de Rayden. Un saludo!!

Pd2: La fotografía la tomé en San Sebastian (País vasco).

https://www.youtube.com/watch?v=DyATqu29NCM&list=RDDyATqu29NCM&start_radio=1



Afuera llueve y adentro nadie sostiene su paraguas. Las humedades han dejado inhabilitada una persona que calla mientras chapotea en el agua...

Mira la que está cayendo, acércate a la ventana y contempla el desierto que has dejado sin agua. De arena está repleto tu cuerpo, tan desacostumbrado a barrerse de tanto en tanto que ha perdido la habilidad de hacerlo. Te has hecho polvo sin hacerme ninguno desde hace tiempo, y nadie puede sacudirte sin llevarte a ti primero. El dolor te ha creado a su gusto y te has dejado decorar a su antojo, sin moverte del sillón, sin prestar atención a la que está cayendo fuera y dentro del salón.

Yo sin embargo, sosteniendo un café que pierde azucares tras cada paso, miro por la ventana y lloro. Lloro por lo qué te has y me has convertido, tan dispuesta al fracaso que fracasé mil veces contigo sin llegar a casarme siquiera, sin decir que sí quería aunque, sin embargo, no he dejado de hacerlo.

Mira la que está cayendo o por lo menos escucha el sonido. Te has vuelto tan eco de palabras, que ya ni el rocío se atreve a cantarte; y antes lo hacía por Andalucía o en cualquier parte. Brotabas de un arrollo, te sacudías en las ramas o cruzabas los prados con un jersey a rayas. Hallabas consuelo de cualquiera que te mirara y sonriera. Y ahora eres incapaz de ver lo que está cayendo fuera... 

Te has vuelto tan impermeable que las lágrimas que brotan se descosen antes de llegar a tus mejillas, ya ni hablemos de tu boca. ¿Y las mías? Ya no importan. Se han tapado del frío con tu indiferencia de lana, que abriga más que tu abrazo, tan helado desde que perdiste las ganas. 

Y sigo mirando la tormenta que se alza, cada vez más fría de cafés y más escueta de palabras, aceptando la rutina como firma sagrada de la vida adulta. Sintiéndome traicionada por los sueños que juré se llevarían a cabo y ahora me llevan a mí hasta el filo de la ventana. 

No saltes, me repito. Y cada vez caigo con más fuerza. Pero tú seguirás sin mirar la que está cayendo fuera...

domingo, 7 de octubre de 2018

Quién pierde qué y a quién

Buenas tardes, renacidos. Se va acercando poco a poco el frío que tanto me enamora de otoño. Sabéis, a casi nadie le gusta el otoño. Recuerdo, en una de las últimas clases que tuve con unos niños de primero de primaria, que cuando preguntábamos cual era la estación favorita de cada uno, siempre salían el verano (claro ganador), la primavera (también muy adorada por los peques) y el invierno (con el que algunos añadían una cara de felicidad como la que pones arropado hasta arriba por de noche). Pero, NADIE, ABSOLUTAMENTE NADIE, siendo yo la excepción, eligió el otoño... Pues, qué queréis que os diga, estoy enamorada de esta estación tan lluviosa, mezclada de calor y frío, de hojas secas, de caracoles paseándose por la calle, de colores naranjas y amarillos, y de locura climática. Me encanta. Así que sí, otoño, soy la única que te defiende pero conmigo no te hace falta nadie más, yo me apaño.

Dicho lo cual, os presento mi nueva entrada. Esta es un reclamo a las cosas que decimos cuando nos enfadamos. Soy la primera que digo cosas que no debería de decir y que piensa que debemos calmarnos antes de seguir calentando la situación, pero... Esta entrada no habla de ello. Habla sobre la posición de muchas personas de zanjar el problema y la relación, amenazando con irse. Si es esta la idea real, adelante; pero si no, considero un gran error jugar siempre con la idea de marcharte. No haces bien a la otra persona, ni siquiera a ti mismo.

Dejando, no obstante, debates abiertos pero barriendo hacia afuera, os presento una entrada que en fondo es bonita, que te hace replantearte varias posiciones en relación al amor y con la que espero renazcáis, mis renacidos.

Espero que septiembre haya estado plagado de buenas noticias y que sino, se os presente un octubre precioso. 

¡Feliz domingo y hasta pronto!

PD: en esta imagen preciosa sale mi modelo favorito.





Le has dicho tantas veces que te vas, que derrapa en la siguiente letra cuando tú no has acabado siquiera la primera palabra. Ha perdido la creencia o la decencia de decirte que no, que no salgas por esa puerta de nuevo, que no habrá otro perdón. Y sin embargo, te perdona y se perdona a sí misma por haberte perdonado, como si tuviese algún castigo encima que no fueras tú, que te has quedado tan debajo que ya ni subes de escalón...

Y qué decir de las veces que le has dicho que se acabó, que no aguantabas más que te llevase la contraria, que tuviese su propia opinión. Te has hartado de decirle que siempre quiere llevar la razón mientras sostienes un discurso grabado que otros te han contado en el supermercado, en la oficina, o sabe Dios dónde o quién, o dónde quién te ha llevado. 

Le haces creer que te ahoga, que te cansa, que te enoja, que diga o haga, que piense o sienta, que se quede callada. Y a veces, lo último es lo mejor. Pero solo a veces. 

Le has dicho tantas veces que te vas, que a veces, se va ella. A su mundo, a las palabras escupidas, a su propio orgullo. Sabe que te quiere, pero a qué precio, a cuántos perdones por día cuadrado que de ahí no salen porque no pueden, por su forma. Sabe que te quiere pero también se quiere ella; y antes elegía, y ahora siempre pierde. Desde el minuto en que anuncias tu partida y cierras la puerta como si nada, sabiendo que volverás a pasarla encontrándote menos cada vez, dejando más tiras de piel que cicatrices. 

Y son tantas y tan caras, que quién las querría comprar en una tiendecita. Quién querría ver pasar trenes toda la vida, escuchando su sonido y llorando su marcha. Para luego volver a verlos pasar por la ventana, llamar a la puerta y entrar como si nada. ¿Quién? 


Te vas y se pierde en ello, removiendo su cucharita en el reloj, esperando que pase el tiempo. Y, dime si debe hacerlo: esperar y desesperarse tras cada intento, aguantar al postre aún sin ver servida la bebida. Quizás con ella se emborrachase y aquella vez ganase la partida.

Porque tú, querido amigo, te estás ganando a pulso perderla.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Perder lo que no se tiene, y otras formas de destrozarte

Buenas tardes, renacidos. Seguramente os pillo con el tenedor en la mano y la televisión encendida. No es un buen momento para publicar, lo sé, pero ha sido el momento, que no es poco. Llevo varios días buscando el momento de escribir una nueva entrada y hoy que he encontrado el espacio preciso, no me he podido resistir. ¿Qué, cómo han ido las vacaciones? Espero que hayan sido inolvidables (para bien). Las mías se han hecho demasiado cortas. Un día estaba leyendo en Badajoz y al día siguiente estaba montada en el coche hasta arriba de equipaje y pena. PERO BUENO, LLEGÓ SEPTIEMBRE. Y con él todo parece que empiece de nuevo, o es lo que siento yo (quizás porque estoy demasiado acostumbrada a empezar cole, uni). 

En fin, os traigo una entrada que habla sobre las perdidas que nunca han sido nuestras. A todos/as nos ha pasado alguna vez que por esperar demasiado hemos perdido la oportunidad, esa que quizá nos brindaría muchas cosas... Bueno, pues de eso hablo en mi nueva entrada. 

Espero que estos meses hayan servido para cargar pilas y venir dispuestos a leerme y leeros en cada una de las palabras de este blog. Deseo que os guste tanto como a mí escribirlo y que nos vayamos encontrando por aquí.

¡Feliz domingo, renacidos!

Pd: imagen propia tomada en Badajoz.


Lo que nunca perdimos es precisamente lo que más echo de menos un miércoles cualquiera. Lo busco en todas partes, como si pudiese materializarse aquello que guardamos en un lugar perdido de nuestra mente. Aprieto con fuerza mis dientes, mordiéndome las intenciones cada vez que te pienso y tú no estás delante. Te fuiste cuando ni siquiera habías llegado, como aquel tren que se cansó de esperar y cruzó la vía hacia otra parte, hacia otro lado. Hacia el despiste que me hizo pensar en mi mano bajando a tus pantalones y que me hizo sonrojarme sin que nadie lo note. Sin que nadie me toque. 

Me sonaste en demasiadas canciones que ahora no encuentran su piano, pues nadie recorre un cuerpo con los dedos si no puede tocarse, si no puede sonar nada. Y no me sonaste cómo deberías, desafinaste en el instante justo en que me crucé contigo, pero yo hice oídos mudos y cuenta nueva. Oídos sordos y de nuevo contamos. Contamos con los dedos chupados de perder otra mañana más pensando en todo aquello que perdimos sin llegar a tenerlo. Y gotea, gotea y vuelve a gotear. Haciendo que cuente a mi gato los números que perdimos por no apostarnos, o por apostar por los números y quedarnos en las letras. Letras que no llevan a ninguna parte y me hacen pensar en pensarte demasiado a menudo de tanto en tanto. Y vuelve a empezar. Y vuelvo a empezar a pensarte y me canso demasiado tarde.

Es curioso que duela tanto algo que nunca ha existido. Es curioso que me salga siquiera una palabra para describir lo que nunca fue nuestro pero gustó tanto. 

A veces pienso en cómo sería la vida sin nunca haber pensado en que nos hemos perdido, pero me trabo yo misma y vuelvo a soñarte desnudo con una manta que nos cubra los miedos. Y en esos momentos parece que funciona. Parece que puedo no pensar en que te he perdido sin haberte tenido nunca. Y me estiro los cabellos, sin llegar a llorar una lágrima pero sintiéndome empapada de ganas. Empapada hasta las trancas y sin poder remediarlo. 

Ni las tiritas curan un corazón herido, ni las heridas sanan un corazón que pierde litros. Y este gotea, gotea y vuelve a gotear. Como un tejado torcido que hace entrar en casa todo aquello que quieres dejar fuera. Como un corazón dormido que no puede dejar de despertar.

lunes, 23 de julio de 2018

Dejándote y dejándome en todas partes

Buenas tardes, renacidos. Hace calor y todos lo sabemos, sin embargo ayer en mi ciudad granizó con un sol increíble. Casi ni me lo creo. Estas pequeñas tormentas de verano me parecen tan increíbles como los regalos, siempre te sorprenden si no se ven venir, claro. Pensando bien en los regalos, siempre hay uno o dos que se quedan marcados de por vida en tu cerebro. Unos pocos que se mantienen como pequeños tesoros en tu mente, ya no por su valor físico o material, sino por los recuerdos que conllevan: aquel que te lo regaló, aquel momento en que te lo dieron, etc. 

En fin, en este día tan caluroso os traigo una entrada que habla sobre el amor, para variar. Llevaba unos días mejorándolo para conseguir el mejor resultado de él y el mejor regalo posible para este día caluroso de julio.

Junto a ella os adjunto una canción que me parece divina, interpretada por Alfred García: que nos sigan las luces. 

Espero que estéis pasando unas felices vacaciones o como mínimo un buen verano, renacidos. Seguimos en contacto.

¡Feliz lunes!

PD: la imagen fue tomada en Andorra, por si alguien está interesado en ver con sus ojos este precioso lugar.

https://www.youtube.com/watch?v=iXsQU9mvKSo



Nunca me dejaste o al menos no cómo yo esperaba. Dejaste un rastro de ti y de mí juntos, que no se puede sacudir de los huesos, que hiela incluso en Sevilla, que nos mantiene presos en una espiral de: y si me dejaras, yo qué haría.

Pero no me dejaste, te dejaste en todos los pliegues de mi cuerpo. En los huecos ocultos de mis brazos donde nos escondíamos del sol de verano, en donde aparecían nuevos puentes que cruzar de la mano. Y nos descruzamos, de todo aquello que decía la gente. De que la distancia hiere, olvida, y no siente piedad de los dos locos suicidas que se tiran de cabeza a los brazos del otro. 

No me acunaste como debías y aún así aquí sigues. Abrazado al pecho que aún grita tu nombre, que aún nos recuerda como el hombre y la mujer que apostaron hasta que todo estaba perdido, y aún así encontraban la salida. Como aquellos dos tontos que no sabían que la distancia no hace el olvido, sino la costumbre. Y no es que me acostumbrase demasiado a ti y eso me hiciera perderte. Es que normalicé noches soñándote a mi lado, con el aliento en la nuca de aquel que grita que te quiere y luego se acurruca como si no hubiese ocurrido nada. Lo normalicé tanto, que perdió la gracia cuando pasó. Y se pasó de estación mientras yo continuaba durmiendo a su lado y pensando cómo me gustaría que todo lo que había soñado pasara y se quedará a mi lado. 

Te fuiste sin dejarte todo lo que había antes de ti. Enmarañando toda mi vida como si fuéramos un lienzo que se descose y pierde hilos de su uniforme. 

Te fuiste y no me dejaste, sino que te dejaste a ti por el camino. Olvidándote las canciones que dicen tu nombre y que todavía resuenan en mis labios. Dejándote en el medio del salón años de risas y llantos, como si todo fuera un culebrón que se muerde la cola. 

Te dejaste las promesas que me debías, los regalos que me entregaste, los momentos de mi vida que ahora te exige este cuerpo enclenque. Este cuerpo dónde firmaste demasiadas treguas, dónde todavía se lee tu nombre. 

Te has dejado en cada rincón de mi vida, presumiendo de que te marchaste. Y yo, como una tonta, juro que todavía sigues en casa, que esperas a que llegue con la tele apagada y las ganas encendidas. Le digo a todos que es mentira, que no te marchaste del todo, sino una pequeña parte de lo que eras y eso no es irse. Es quedarse con tanto que pica, con tan poco que rasca. 

Así que solo dime una cosa, si me has dejado, por qué no te largas de una vez de mi lado...

lunes, 2 de julio de 2018

Encantados por y de conocernos

Buenas tardes, renacidos, hoy he vuelto!!! Y con las pilas muy cargadas. Sé que he tardado mucho no, muchísimo en aparecer por aquí, pero el último año de universidad me ha quitado mucho tiempo. Y ahora, por fin, es mío. Una maestra de primaria más en las calles! Estoy muy feliz, renacidos. Porque he conseguido una meta más y porque no pararé hasta conseguir otro de mis sueños, que aún sigue luchando y que depende de todos vosotros. Aunque parezca absurdo, el aumento de seguidores me da alas para conseguir llegar a mi objetivo, a que se tome en serio todo lo que aquí se escribe, a que se tome en serio lo mío y lo vuestro, y las palabras. Ya sabéis que llevo tiempo persiguiendo la publicación de mi libro, y no me rendiré hasta que Anna pueda existir. Sé que cuento con vosotros siempre, muchas gracias.

Mi entrada, pues, tras tres meses de inexistencia trata de amor. Deseo con toda mi alma que os guste, renacidos. Y que volvamos a hacer cositas que os hagan soñar con las palabras y la fuerza que estas tienen en todo. 

Junto con esta, os presento una imagen tomada en la Seu d'Urgell, un lugar encantador que sin duda recomiendo visitar.

¡Espero tener noticias vuestras, pronto, renacidos! ¡¡Feliz lunes!!



Me encanta ponerme en tu piel y que sea la mía, que nunca se haya dejado un río entre medio de nuestras rocas y sin embargo tantos campos encharcados de saliva entre las bocas. Hacer cascadas que recuerden a carcajadas perdidas en cuevas de ecos mojados. Que seas tan tuyo que consigas hacerte mío por minutos. El hilo que te queda de voz después de haber fracasado. 

Me encantas porque no eres tan diferente al resto y sin embargo, ninguno se parece a ti. Nadie tiene ese olor dulce que tiene tu piel y se llama hogar, ni esas manos largas de pianista que tanto te gusta recordar. Como los demás, odias lo injusto, pero lo justo no es lo mismo que todos piensan. Creas un mundo con cada nueva idea y te frena el hecho de que algunos no vean lo que tú ves o prefieran dejar para más tarde aquello que tu peleas con cada baile y vaivén del día. Eres la armonía perfecta de los polos. Congelas a tu modo a la vez que ardes, confundiendo frío con calor, silencio con gritos y locura con amor. 

Eres tan tuyo que a veces picas en el costado. Me sale sarpullido de solo pensar que podemos ser algo que no sea un nosotros. Que podamos arrebatarnos la identidad solo rozándonos y dejando que la chispa haga el resto, queme el yo y el tuyo, y nos vuelva vuestro con un simple chasquido. 

Juro que resuenan en cada una de las paredes de mi cuerpo tus miles de te quiero perdidos en el tiempo. Todas y cada una de las veces que lo conjuraste como si resultara fácil hacerlo. Yo aún pruebo de encontrar la palabra idónea que etiquete lo que siento y cómo me sientas. Cómo consigues hacerme cambiar el día con una simple sonrisa que parece el mecanismo más complejo.

Me encanto a tu lado. Me veo más posible cuando te veo sonreírme a cualquier tontería que yo digo o hago. Me encanto porque me descubro cuando estoy cerca tuyo, no porque mi mundo empiece contigo, sino porque a tu lado me parece más bonito, [no más humano, como dirían expertos].

No te necesito para vivir, no moriría por verte cada día, no soy yo gracias a ti, ni existo porque tú lo haces. Esas son estupideces que creen otros, no nosotros. Y digo nosotros porque nos hemos confeccionado un vestido en el que los dos cabemos, al que recurrimos para hacer las paces y que siempre acaba en abrazo u horizontal. Somos un desastre como protagonistas de una historia de amor, pero nos queremos. Y me encanto más de esta manera, haciendo de esta historia inventada por nosotros, una historia verdadera.

sábado, 7 de abril de 2018

Audiopoema: Ya verás

Buenas noches, renacidos. Soy tan feliz!! Si recordáis, hace unas semanas aseguré que si este, nuestro blog, conseguía las 6.000 visitas tendríais una sorpresa. ¿Y qué me encuentro cuando lo miro? 6.048!!! Increíble. Sois sencillamente, increíbles. Y lo prometido es deuda. Os presento mi pequeño regalo, una joya que tendré siempre guardado en mi reproductor y que deseo que os guste tanto como me gusta a mí. 

Me encantó crearlo, el proceso, las sensaciones que sentí mientras la voz iba rasgando las palabras, lo que se decía... Fue mágico. Espero que os encante, y me está costando horrores no escupir todo lo que detalla este pequeño obsequio, pero es que quiero que lo tengáis vosotros, que lo escuchéis y que juzguéis. No puedo decir ni quiero, nada más.

Por lo tanto, aquí os dejo mi nuevo audiopoema con el contenido de la última entrada y con una sorpresa muy especial. Os adoro, renacidos. Seguid así!!! Gracias de nuevo por todo, hacéis demasiado sin pretenderlo.

¡Feliz sábado!

PD: comentad que os parece. Quiero saber vuestra opinión!!!!


lunes, 19 de marzo de 2018

Ya verás

Buenas tardes, renacidos. Sinceramente, no tengo muchas palabras en el día de hoy. Me siento demasiado lenta y silenciosa este día, alejada un poco de la Tierra. Quizás los sueños y nervios me han hecho explotar de una forma discreta, tan discreta que dudo que haya acabado de explotar. ¿No os pasa que a veces exigís tanto de vosotros mismos que termináis agotados y sintiéndoos que no sois dueños de vuestra propia vida? Quizás estoy dejándome llevar demasiado por mi apatía de hoy, pero lo he pensado. Me siento tan feliz de como soy en mí misma, pero a veces tan decepcionada de lo que proyecto. Es complicado de explicar e imagino que mi ida a la Luna no me está ayudando a explicarme con claridad, en fin.

Paro de hablar de mi vida y os presento mi nueva entrada. Algo triste, lo siento. Pero no puedo evitar hablar de la tristeza porque es un sentimiento tan puro y real. En cierto modo, me fascina. Aunque la prefiero lejos, como nos pasa a todos.

Os animo a escuchar la canción de Andrés Suárez y Funambulista: "Ya verás". Fuente de inspiración de esta entrada y a la cual hago guiño con el título y entrada de la gran mayoría de estrofas/párrafos. Espero que os guste, renacidos y que no estéis pasando por algo así porque es realmente triste. Y os quiero muy felices!!!

¡Feliz lunes, aunque cueste!

Pd: 5987 visitas, WOOOOW!

https://www.youtube.com/watch?v=QINbgIJRPSQ




Ya verás como me olvidas, amor. Y no tendrás la culpa de ello, ni siquiera yo, que me culpo tanto de no haberlo conseguido, de habernos fallado en el momento en que más nos necesitábamos. Aunque siempre lo haremos, aunque nunca lo recordemos; pues nuestras manos seguirán esperando el hueco exacto del otro, y lo fácil que era unirlas sin dejar espacio a la duda. Ya verás como me olvidas, cuando la luna bese tu columna y plante estrellas y lunares. Por durante el día quizás me recuerdes o simplemente te venga un recuerdo vago e hiperactivo a la mente, en forma de olor o de eco por todas aquellas carcajadas que todavía resuenen en tu vientre.

Pero de la misma manera que abriste la herida, tú o alguien diferente a mí, la cerrará de un portazo que no suene en mi portal, pero sí en mi tripa. Y cuando él suene no me podré abrigar con tu abrazo, porque ya no estarás. Quizás otro ocupe tu lugar. Más pequeño, porque lo agrandaste demasiado para estar completo por otra alma diferente a la tuya. Porque habrá demasiadas canciones que seas tú o nosotros. Porque habrá demasiadas banderas que lleven nuestro himno, que besen nuestra tierra o que esperen nuestro regreso. Y no ocurrirá.

Ya verás como me olvidas, y yo no te podré olvidar. No me refiero a que te será sencillo, pero quizás alguien lo haga por ti. Te recuerde lo que vales, lo que eres y que nadie te podrá querer más. Y, seguramente no te supe querer como merecías, ni tú como yo lo esperaba. Pecamos de querernos mal y a tiempo parcial, exhibiendo reproches del otro como si fuéramos perfectos o como si esperásemos que el otro lo fuera por nosotros. Y ni lo fuimos, ni lo soy, ni lo serás. Porque el ser reales nos hizo precisamente posibles, nos hizo querernos abrazados al irnos a dormir pero separarnos inevitablemente al quedar dormidos. Y era algo mágico, despertar y buscar la mano del otro, unir dos cuerpos, encerrarnos en los últimos resquicios de sueño antes de levantarnos. Porque al ser reales todo lo fue. También las peleas que acabaron en pausas o en paces. También los besos, que se saltaron todas las vías y redujeron dos cuerpos a uno. También los engaños, las confesiones, las mentiras y los finales.

Ya verás como me olvidas y cualquier día me cruzo contigo. Aunque lo haga con el alma rota y con la mirada de una desconocida que te conoce tanto que duele. Que le impide seguirte a donde vas, mirar lo que ves, y entender que la vida te ha hecho fuerte y feliz. Que me has superado como se hace con las enfermedades o decepciones. Porque yo no conseguí la cura, tan solo hundirme y herirte. Como a mí misma.

Ya verás como me olvidas y quizás cuando yo esté apunto de olvidarte, abrumada por el conocer a alguien que ya no me recuerda a que debo olvidarte, sino que me despierta del trance de culparme por no ser valiente aquel día; vuelvo a recordarte. Me pasará por la mente una fugaz fotografía tomada cuando desayunando en la cama me dijiste que me amabas y que ya verían las canciones de amor lo que era quererse. Y yo sonreiré desnuda de pena, en cuerpo y lágrima, diciendo: esto era quererse. Perderse para siempre en el otro y no volver a encontrarse sola...

sábado, 17 de marzo de 2018

Hacer y deshacer

Buenos días, renacidos. He tardado mucho, lo sé. Pero esta vez no le puedo echar la culpa al tiempo, sino a la inspiración. Llevo semanas con ganas de escribirme y escribiros, pero no me salía nada con sentido. Y preferí dejar correr el tiempo, esperar que un día sentada, los dedos empezaran a teclear sin descanso. Hoy es ese día. 
De momento, por mi vida, las cosas no han cambiado mucho. No estoy en la mejor etapa, pues me siento quizás aburrida o cansada de lo de siempre, de las decepciones y de los hachazos. Tengo una vida muy feliz  y plena, pero de vez en cuando, como cualquier ser humano, ves el vaso más vacío de la cuenta. Cosas que pasan...

Me gustaría también añadir que en mi cuenta de youtube, estoy colgando canciones que se pueden relacionar a las etiquetas de cada entrada. Véase pues: drama, amor, etc, etc. Así que si en algún momento estáis interesados en oír alguna canción con la entrada, entráis en Youtube, buscáis Gisela López y podéis oír canciones relacionadas con las etiquetas de las entradas. 

Y, bueno, de momento poco más que añadir. Intentaré próximamente, si estoy inspirada, pasarme por aquí y compartir mi mundo. Mil gracias por seguir creciendo pese a mi ausencia. Estamos cerca de llegar a las 6000 visitas. Todo un logro que pienso celebrar con alguna sorpresita!

Y, ya poco más, espero que os guste, renacidos.

¡Feliz sábado!

PD: la foto es mía!!



Te escribo desde la cama deshecha, llena de rimel seco en la punta de cada almohada que lleva tu olor empapado de mis lágrimas. No sé que me has hecho... Pero ya no soy capaz de hacerme de otra manera. Intento deshilachar lo que éramos para encontrar la persona que era antes de conocerte. Resquicios de un amor corto e imposible. Pero me quedan demasiadas madejas de lo que prometimos, de lo que íbamos a ser siempre. Y no me deja avanzar, ser capaz de reconstruirme sin empezar por el tejado, sin lanzar los ladrillos a las ventanas desde las que te miraba y me veía a mí por dentro. Y todo me pesa, aunque me sienta ligera cuando me arrodillo en la cama, buscando a gatas una razón para levantarme y salir afuera. 

Y no a buscarte. 
Porque inevitablemente me busco a mí misma reflejada en tus ojos.

Y no pedirte que me beses, porque tus besos ya perdieron el interés de mecer mis antojos. 

No sé qué me has hecho, pero quiero que dejes de hacerlo. Porque yo no puedo hacerte en mí, cada día que pasa. Ni deshacerte como pensaba hacerlo en el momento en que te fuiste de casa, sin portazos, sin arrepentimientos, con la mirada alta y el corazón abierto. 

Y sé que me cerré por completo a las cuatro esquinitas que rigen las normas de mi cama. Pero ya esto, se me queda pequeño. Me hace hacerte en cada pensamiento y deshacerme cada vez que te pienso. 

Porque desde hace varios meses, hacerte me deshace por dentro. Me hace olvidarme de que yo en otro tiempo, era importante, necesaria, suficiente. Cada vez soy menos yo, y más nosotros. Nunca llegué a ser tú y de eso, al menos, me alegro. Porque no hubiera soportado ser el reflejo en tu espejo. Y en cierto modo, nunca he dejado de serlo; pues te hago más veces a ti, que a mis propias manos, que a mis propios miedos.

Tú, sin embargo, hiciste y deshiciste a tu modo, a tu agrado. Entraste por la puerta, te tumbaste en la cama, clavaste la bandera pero luego la estaca y te perdiste en las sábanas como si fueran de arena, y saliste por la puerta que hace mucho no se cerraba. Dejábamos correr el aire, que la gente supiese lo que significaba amarse bajo las normas de un cama de cerezas con olor a principio, a cosquillas y a pérdidas de calcetines. Rompíamos las fronteras entre el tú, el yo o el nosotros. Y hacíamos la cama para deshacerla, como ritual indispensable para luego firmar la tregua cuando salíamos de la guerra.

Y ahora...Deshecha. 
La cama y yo. 
Yo y la cama. 
Echándote de menos ambas, y queriendo que nos hagas por partes, para deshacernos juntos y volver a formar un nosotros que ahora pesa demasiado en la boca. Ya nadie lo pronuncia, ya nadie lo provoca. Ni siquiera las historias de amor con finales felices. 

No sé qué me has hecho, pero no me deshagas más por dentro. Deja de hacerme en cada recuerdo, deja de deshacerme a cada segundo. No prometo que deje de hacerte cuando te sueño, pero al menos despierta, quiero hacerme de nuevo.


miércoles, 21 de febrero de 2018

Reflejada en un vaso

Buenas tardes, renacidos. Hoy hace un día extraño, ni llueve ni deja de hacerlo. Al menos por Barcelona, claro... Pero me gusta esta pequeña pausa, esa sensación de estar en el margen de lo que está ocurriendo y de lo que puede o ocurrirá. ¡Hay tantas cosas en el tintero, renacidos!

Podría hablaros de millones de cosas. De cosas nuevas que están pasando y de cosas que espero que ocurran de aquí a poco. Por el momento, os cuento que seguramente apareceré menos por aquí. Sí, me temo que sí. Si todo va bien, empezaré un voluntariado que me tiene muy ilusionada. Es en un hospital e implicaría una labor preciosa que me tiene muy emocionada!! Aún espero respuestas, pero todo a su tiempo. 

Por otro lado, sigo probando suerte enviando mensajes a más editoriales. En concreto, tengo una a la que ya he enviado mi manuscrito y que por el momento, tiene interés por saber más de mí. Ojalá, crucemos los dedos!

Y poco más que contar por hoy... Os traigo una nueva reseña, la primera que publicaré en Edición Anticipada, un espacio de la editorial Caligrama que, si no os he comentado en otras entradas, consiste en que me envían libros y yo debo leerlos y hacer reseñas. Demasiado renacer como para dejarlo escapar, ¿no creéis? Así que en eso estamos. 

¡Espero que os guste y os anime a leerlo! 

¡Feliz miércoles! 



SINOPSIS
Hace tiempo que Rubén Alday busca refugio en el fondo del vaso. Sus tiempos de escritor de éxito han quedado atrás y solo el alcohol logra llenar su vacío. Por eso acude cada tarde al mismo bar en busca de la anestesia que le calme el dolor. Y todos los días la chica de mirada triste se sienta frente a él, escondiendo su pena tras un libro.


Poco a poco el novelista acaba idolatrando a esa curiosa musa, hasta que descubre que ella es su última oportunidad para escapar del abismo. Pero cuando al fin reúne valor para hablarle, la chica no se presenta en el bar. Al descubrir que su musa ha sido asesinada, Rubén inicia una desesperada investigación para encontrar al culpable y vengar su muerte.



RESEÑA ENTRE PALABRAS

Reflejada en un vaso. Esa es la sensación que he tenido en todo momento al leer este libro. Al principio, no obstante, creí que me sentía en el fondo, dónde la mirada melancólica de Triste, perdía toda esperanza de salir de él, dónde el protagonista ahogaba sus penas y sus palabras por el miedo o la vergüenza de enfrentarse a la vida. En el fondo creo, que todos se van ahogando en cierta manera en una historia que parece triste y dramática, dónde el autor nos narra la vida de un hombre fracasado que sólo sabe encontrar consuelo en su rutina alcohólica y denigrante. 

Pero no. En todo momento, nos encontramos reflejados en el vaso, quizás más detrás de él que en el fondo. Nos encontramos nosotros y los mismos personajes, pues Triste, no deja de ser el reflejo que da Sílvia sobre el cristal que ahoga sus penas. Es la apariencia que se gana por la tormenta que vive, por el dolor que mantiene su corazón encogido y que refleja en cada uno de los vasos que visten su garganta. Pero, ¿y Rubén? Quizás el reflejo que ve en aquella chica, a través de su vaso, no deja de ser el reflejo que él mismo proyecta en el mundo. Quizás no ve en el vaso de Sílvia tristeza, sino en el suyo propio; en el de un hombre triste que ha perdido la inspiración, la emoción por la vida y las palabras de camino a una rutina manchada y marcada por la bebida y las decepciones. Además, incluso la obsesión de Rubén por la desconocida, nos puede recordar al reflejo que hace él mismo sobre Triste del amor incondicional, a primera vista o real. Él refleja esa emoción en una desconocida que no hace sino beber en un lugar frío de Vitoria. 

Y, a la vez, nosotros y el autor, reflejamos en el personaje central tristeza, lo culpamos de la rutina que mantiene viva su existencia y le cargamos de todos y cada uno de los prejuicios que aprendemos de la sociedad, reflejando nuestra propia opinión sobre un personaje que bien puede ser feliz en esa vida, pero que a nuestro parecer y al del propio autor, no es así.
Quién sabe...
En cualquier caso, el libro habla de vasos que reflejan, de espejos con olor a resaca y de la obsesión de un escritor por aclarar la muerte de aquella que cree estar enamorado. 

Sin embargo, desde una mirada crítica, considero que la historia podría dar mucho más de sí. No estoy diciendo que sea necesario escribir demasiadas páginas para conseguir un mejor resultado, pero creo que la forma de narrar los hechos es demasiado rápida. Y es que, desde mi punto de vista, el género de novela negra, merece más. Merece parar atención a cada momento de la trama, a engancharse en cada nuevo punto al que se llegue y no encontrar de forma tan rápida todos los acontecimientos. Quizás lo que necesita es tiempo, tiempo para hablar pausadamente de quién es Rubén, quién es la inspectora, quién es Silvia y qué ocurre alrededor mientras se mantienen los diálogos.

Como conclusión final, os recomiendo leerla. Todo escritor merece ser leído y toda historia merece ser contada. Lo que yo he encontrado en este libro es una reflexión acerca de cómo entendemos la vida, cómo comprendemos el amor, y de qué manera todo lector acaba reflejado en el libro que lee. 


Sólo me queda desearos que os reflejéis en el vaso de esta novela negra y disfrutéis de la melancolía que baña cada palabra en tinta. 

lunes, 12 de febrero de 2018

¡Llora!

Buenas tardes, renacidos. Mi idea de ir pasándome cada semana de momento se está cumpliendo. Y sí, sigo esperando noticias. Noticias para mí, para vosotros y para todos. De momento, toca esperar. Sin desesperar si es posible.  

Para no irme enrollando en explicaciones de mi vida que seguramente interesan poco, os introduciré mi nueva entrada. Es la tercera entrada con homenaje a poemas que os presento y estoy muy contenta de ello. Esta vez os traigo un poema de Gustavo Adolfo Becquer, uno de los más grandes de la historia. Y, de nuevo he homenajeado uno de sus grandes poemas, en concreto, rima XVIL. Lo he homenajeado como con los otros precedidos, usando su esquema de base, pero variando en cierto modo la forma de expresarse. Yo no soy Becquer, ni podría serlo aunque quisiera. Él es único y yo solo una renacida que ama su trabajo, su poesía, sus palabras. Por ello, espero que guste y no sea para nada un insulto al maravilloso poema que él nos escribió. No hay que hacer comparaciones, solo leer y dejarse renacer.

¡Espero que hayáis pasado un buen martes y hasta la próxima!

¡Gracias por las 5840 visitas, sois muy grandes!




Como en un libro abierto con olor a olvido, sangrando por el fino hilo que antes cosió su cubierta, ahora rasgada, leo en tus pupilas una lágrima quemada. Y sé que la quemaste intentando engañar al espejo que tienes delante, que te lee con guantes de plata mientras tú esquiva, te deshaces las lágrimas a sonrisas. Sin embargo, ¿qué gana fingiendo el labio, risas que desmienten tus ojos? ¿Te piensas que no lo noto? ¿Qué pasa para mi desadvertido ese brillo empolvado? ¿Esa mirada de tus ojos? 

¡Llora! No sientas vergüenza de gritar con sollozos que me quisiste un poco. O que fue demasiado. No hay nada de malo en amar desfasado o con sobrepeso. 

¡Llora! Nadie te escucha. No pueden juzgarnos. Nadie puede decir que lloramos en vano. Y si lo hacen, ¿qué nos importa? ¡Qué hablen, qué nosotros lloramos por algo más importante!

¡Llora! ¿Qué más da si nos miran?

Ya ves; yo lloro... y no lo hago a escondidas. 

martes, 6 de febrero de 2018

¿Enteros o no?

Buenos días, renacidos. No hay nada más bonito que escribir o vivir bajo la lluvia. Llevamos unos cuántos días en que el cielo está encapotado pero nadie lo quiere desencapotar. Me alegra saberlo, porque la tranquilidad de un día de lluvia, no se puede comparar con ningún otro. No sé si es el silencio en las calles o el sonido de la lluvia al impactar contra el cristal, lo que crea esta tranquilidad. Pero me encanta. 

Antes de empezar a introducir mi nueva entrada, me gustaría agradecer a los seguidores que se han incorporado nuevos que hayáis decidido dar el paso y cruzar el umbral. Somos 23, pero yo sé que hay más gente que escondida lee este íntimo blog. Sois increíbles y me hacéis tan feliz que creo que las palabras vuelan... Muchas gracias, chicos. Hacéis de este, mi pequeño sueño, una realidad cada día.

Además, también me gustaría añadir cositas nuevas que están ocurriendo esta semana y que me tienen algo ocupada. Las necesito contar para creérmelas un poco más y manteneros informados sobre lo que pasa a mí alrededor. La primera de ellas es que esta tarde voy a enviar mi manuscrito por fin a una editorial. No es nada seguro. De momento solo quieren leerme, saber un poco más sobre Anna, la protagonista de este libro. Lo importante es que va a sobrepasar un poco más la frontera que existía. A día de hoy solo he compartido esta historia con mi madre, la mujer que ha hecho que me enamore de las letras desde que era pequeña. Pero ahora, eso se ha acabado. Y estoy muy emocionada!! Cuando reciba noticias, os iré comentando. Lo prometo.

Otra razón de que esté tan ocupada es que estoy pensando nuevas secciones para el blog. Quiero que siga creciendo, que tenga más contenidos para ampliar el repertorio. Entre ellas, voy a dedicar un pequeño espacio de audiopoemas a narrar con otras personas, las entradas que voy publicando. Creo que es una bonita forma de presentar las palabras, viniendo de la voz de personas tan increíbles como las que os presentaré en cada audio. 

Y bueno, de momento poco más os puedo contar. Hay más cosas en el tintero, pero ahí siguen, entre tinta. 

Espero que os guste esta nueva entrada que como veréis no mantiene tanto la línea de prosa poética, sino que incita más a la reflexión sobre cómo entendemos el mundo y cómo nos venden este. 

La imagen que hace de portada de esta nueva entrada, es una fotografía tomada en mí bonito viaje a Calella, un lugar que hay que visitar.

Espero que os guste y si os animáis y queréis, dejad vuestros comentarios. Pensad en qué opináis vosotros sobre la vida y las mitades. 

¡Feliz martes y gracias por las 5765 visitas!



Inclinada sobre un ángulo recto, formado por el paralelismo infinito que existe de vida y de descanso, descubrí que ni nos sumamos ni nos restamos, nos multiplicamos por uno. Por un beso a ciegas, por una foto descalzos, por un paisaje en llamas, por un recuerdo borroso... Y de esta manera no vamos siendo más y más, no empezamos siendo poco y acabamos siendo mucho. No necesitamos más cantidad de estímulos para crecer, para dar frutos. Sino que, poco a poco, aquello que siempre fuimos termina siendo el resultado de lo que vamos siendo al largo de la vida. Siempre diferente, pero con la misma esencia. 

Sin embargo, no es así para el resto del mundo. Fuera de ángulos y geometrías, como si esto fuera tan sencillo, nos dicen que somos la suma de cada una de las cosas que vivimos al largo del día, al pasar la semana, al llegar al año. Nos sumamos y restamos con cada acción que pasamos, como si fuera tan fácil alterar nuestro resultado. 

Dejamos a nuestra pareja, lloramos por la muerte de alguien, nos equivocamos de puerta, y esto nos lleva a restarnos. ¿A ser menos nosotros? ¿Y más como quién? Porque la conmutación es así en todas partes. ¿O es que acaso sólo nos quitamos? Nos bajamos durante un instante del tren de madurar y crecer, y ¿en qué parada subimos? ¿En cual nos hayamos? ¿Dónde se quedó aquel tren que nos dio cobijo, que nos guiaba hacia un destino que ahora está alterado?

Yo considero más sencillo creer que somos lo que siempre fuimos, pero con un sinfín de números por el medio, desordenando nuestra cabeza y nuestro bolsillo. Dejando que se nos pierdan hilos y nos deshilachemos, pero que siempre seamos nosotros; el mismo ovillo con el que empezamos a enredar la vida. Porque nadie nos quita o nos suma tanto como para perdernos. ¿Realmente alguien siente que antes era menos? ¿Que ha ido subiendo desde cero? ¿Y qué pasaría si no lo hiciera? ¿No sería el mismo? ¿Y entonces quién sería?

Es complicado entender cuánto nos mienten diciendo que somos una mitad incompleta. ¿Incompleta de qué? ¿Qué significa estar entera? Muchos dirán que el amor nos hace completos, que saber de ciencia o de lengua nos hace ser un producto entero. Pero, ¿de verdad lo pensáis así? ¿Que sin esas cosas, sin todas esas sumas que no son más que una multiplicación por uno, no seríamos nosotros? ¿Estaríamos incompletos?

Seríamos igualmente nosotros. Porque nada nos da ni nos quita tanto como para perder quienes somos. 

Y a mí, personalmente, me fue bien saber que ni nos sumamos, ni nos restamos, nos multiplicamos por uno. Por todos y cada uno de nosotros, de lo que vivimos, de lo que no, de lo que deseamos o de lo que nunca quisimos. Y siempre tendremos el mismo resultado, pero la magia de la diferencia, se centra en que no todos multiplicamos 
                     con los dedos.